La triste, vacía e inocua historia del Esperador de Calpe
"Mantén la cadencia, mantén la cadencia si la pierdes todas la cuentas se van al cacho, mantén la cadencia" su cuerpo se encorvaba para preservar el equilibrio mientras subía la pendiente, el sol de la tarde pintaba de mandarina todo, se esforzaba para no correr tenía tantas ansias de llegar a la ‘silla’, pero no, debía mantener la cadencia si no todas la cuentas se iban al cacho "recién el mar se ha comido una puntita del sol, me he adelantado mucho, pero no podía seguir más tiempo en casa. Mantén la cadencia, mantén la cadencia" ascendía e inexorablemente el polvo iba maquillando de beige sus zapatos negros hasta hace poco perfectamente lustrados, siempre se preguntaba como hacían las olas para burlar al oído siempre estaban haciendo ruido, pero para uno era como si hubiera silencio, en fin, se consoló mirando el precipicio, los lobos de mar le anunciaron que habían pintachas pegadas a la peña, anotó mentalmente ir a tirar cordel un día de estos, un último esfuerz...